Amenaza de genocidio en Loreto
José Álvarez Alonso Semanario Kanatari - Iquitos julho 2004
Indígenas en aislamiento voluntario en peligro por causa de las actividades madereras
Cuando Daniel Paredes, un maderero con años de trabajo en la cuenca del río Curaray, cerca de la frontera con Ecuador, se encontró cruzadas en la trocha a su campamento dos extrañas lanzas de pona, con unas hojas anchas de palmera ensartadas en sus puntas, se asustó mucho. Era a mediados del 2003 y llevaba varios meses trabajando madera con sus peones en la quebrada Alemán, afluente del río Curaray; ésta fue la gota que colmó el vaso de él y sus hombres, que llevaban varios meses observando y escuchando cosas extrañas en sus campamentos. Fue una señal demasiado clara de amenaza, y decidieron retirarse inmediatamente del lugar. En varias ocasiones anteriores habían observado huellas de pies descalzos en las playas del río, y se habían percatado de que se perdían algunas cosas de sus campamentos durante su ausencia; en las noches escuchaban sonidos extraños, de animales diurnos, y sonidos como alguien golpeando la aleta de un árbol. Incluso en una oportunidad vieron en a lo lejos en la trocha a un hombre desnudo con pelo largo y tez oscura.
Este es sólo uno de las decenas de testimonios sobre la presencia de "indígenas aislados" o "no contactados" (mejor conocidos como indígenas en aislamiento voluntario) que recogió una expedición del AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Amazonía Peruana) y de la UAM (Universidad Adam Mickiewicz de Poznan, Polonia) entre los pobladores de diferentes comunidades de la cuenca del Curaray y del alto Tigre. La existencia de estos grupos indígenas sin contacto con la civilización occidental era conocida desde hace décadas por los pobladores de ésta y otras zonas, pero hasta ahora ni es admitida oficialmente por el Estado, ni se está tomando ninguna medida efectiva para protegerlos, como vamos a ver.
¿Pero quedan "indios" todavía en Loreto?
Algunos funcionarios todavía hicieron esa pregunta hace poco, cuando AIDESEP presentó al INRENA, al Gobierno Regional y a la Comisión Ad Hoc para las Concesiones Forestales de Loreto una propuesta de exclusión de unidades de aprovechamiento o "concesiones forestales" que se superponían con los territorios de los indígenas en aislamiento. Para algunos es inconcebible que, en esta época de televisión por satélite, celulares y viajes al espacio, haya gente que nunca ha usado un fósforo o tomado una coca cola. Pues sí señores, todavía existen, por increíble que parezca para algunos citadinos, grupos indígenas en nuestra región que no han tenido ningún contacto con la mal llamada "civilización". Y no lo quieren tener, por si acaso, no es que estén muriéndose por recibir la visita de algún funcionarillo público, del GOREL o de Defensa Civil, llevándoles algún "apoyo" de arroz, atún y tallarín. Apoyo que, por cierto, tanto daño ha hecho en nuestra región, ayudando a convertir en mendigos a los otrora orgullosos y laboriosos habitantes de la selva.
Y ojo con algún trasnochado "civilizador" que crea que es menester atraerlos a la luz de la civilización y la fe verdaderas. Decimos "mal llamada civilización" con conciencia, ya que ellos también son poseedores de religión, cultura y civilización, tan válida y respetable como las (que son varias) nuestras, aunque de otro tipo.
Estos grupos indígenas han sobrevivido a epidemias y persecuciones por parte de esclavizadores, patrones y cazadores de almas de toda calaña, remontándose a las cabeceras de las quebradas más inaccesibles, adonde difícilmente han llegado ni los más aventurados cazadores y madereros. Hoy, sin embargo, su supervivencia está en peligro. El mapa de los bosques de producción permanente de Loreto, sancionado con una resolución ministerial en el 2001, está ocupando territorios tradicionales de estos pueblos en dos zonas principales de Loreto: en la frontera con Ecuador (cuencas del Curaray/Arabela, afluente del Napo, y del Pucacuro, afluente del Tigre), y en la frontera con Brasil (cuencas del Tapiche/Chobayacu/Río Blanco y Yavarí/Yaquerana/Gálvez). Este mapa fue elaborado en el gabinete del INRENA en Lima de forma harto sospechosa, sin consultar de forma adecuada a los sectores regionales afectados (en especial indígenas y campesinos), ni al IIAP y otras instituciones, y no responde tanto a un criterio técnico, cuanto a los dictados de madereros locales interesados más en sacar las últimas caobas, que en ordenar el aprovechamiento forestal en la región.
Peligro de genocidio en pleno siglo XXI
Si las concesiones forestales de las cabeceras de los ríos Curaray, Arabela, Tapiche, Blanco y Yavarí son entregadas eventualmente a los madereros por 40 años como estipula la ley, y entran a operar las brigadas de obreros, con sus escopetas, sus motosierras y tractores forestales, la supervivencia de estos últimos grupos indígenas de nuestra región está más que amenazada. Estos indígenas carecen de defensas inmunológicas para enfrentar enfermedades externas a su medio, y tienen una alta dependencia de sus territorios y los recursos que éstos contienen para subsistir. Muchos se han extinguido ya en el pasado por los problemas causados por extractores de recursos en sus territorios, especialmente madereros, que causan la ruptura de sus rutas migratorias ancestrales, ahuyentan la caza de que dependen para alimentarse, y reducen sus territorios vitales.
La experiencia de Madre de Dios así lo demuestra. Allí se han producido enfrentamientos sangrientos, con muertos de uno y otro bando, aunque con más muertos de parte de los más débiles, como se puede sospechar. Estos enfrentamientos no son publicitados por los madereros ilegales que pululan por las cabeceras del Purús en busca de la maldita caoba, ya que ellos postulan que los indígenas no contactados no existen, y que son un invento de las ONG ambientalistas y de los gringos para impedir que exploten esos bosques.
También los indígenas se retiran ante el avance de los madereros. En este caso, surgen conflictos entre grupos indígenas, ya que los desplazados invaden territorios de otros grupos. Esto ya ha ocurrido también en la zona del Purús, donde los grupos desplazados se enfrentaron con indígenas al otro lado de la frontera brasileña, con el resultado de varios muertos. Esto mismo podría ocurrir en Loreto si son entregadas esas concesiones forestales. De hecho puede estar ocurriendo ya, debido a que extractores ilegales de caoba llevan operando ilegalmente años en las cabeceras del Tapiche. Incluso han abierto cientos de kilómetros de carreteras ilegales con tractores forestales. Sólo nos podemos imaginar lo que puede haber ocurrido y estar ocurriendo ante este avance.
AIDESEP ha presentado sendos expedientes para la creación de Reservas Territoriales del Estado a favor de los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario en ambas fronteras (con Brasil y con Ecuador), documentos que están ahora en estudio en el GOREL y el INRENA. Sin embargo, la oposición visceral de ciertos sectores madereros (y algunos socios suyos en sectores oficiales) a cualquier reducción de los bosques de producción permanente de Loreto, o a la anulación de una concesión forestal, hace augurar lo peor. Estos expedientes presentan indicios sólidos, y en algunos casos pruebas palpables, de la presencia de esos grupos, pero para los extractivistas y sus aliados nada es suficiente, quieren "pruebas objetivas" (quizás quieren que se traiga alguno disecado, o algo así...) Y aunque se demostrase su existencia, querrán mutilar sus territorios tradicionales al máximo, para poder saquear las maderas finas de esos bosques. El Consejo Regional de Loreto aprobó hace unos meses una propuesta del Presidente de la Comisión Ad Hoc, Víctor Isla, para excluir temporalmente 23 unidades de aprovechamiento forestal en la cuenca del Curaray mientras se prueba "objetivamente" la presencia de los indígenas aislados, pero hasta ahora no hay nada definitivo, y ya han sido entregadas varias unidades de aprovechamiento a madereros en esas zonas.
Es obvio que la presencia de estos grupos indígenas aislados voluntariamente, por definición, no es fácilmente demostrable. Después de siglos de persecuciones y epidemias de parte de los blancos y mestizos, no quieren ni ver a uno. Ellos tratan de evitar cualquier contacto con la gente "civilizada", más bien huyen, no se dejan ver ni fotografiar, mucho menos entrevistar. No es fácil, en esos bosques remotos, encontrar pruebas de su presencia. Y además, la posible búsqueda de esas pruebas (léase, expediciones de antropólogos o quien sea para localizarlos) representa en sí misma una potencial amenaza contra ellos, ya que son muy vulnerables a cualquier contacto físico o interferencia con foráneos, como se ha dicho más arriba. En los casos en que está en juego la vida, no sólo de personas, sino de pueblos enteros, las precauciones deben ser extremas. El Estado no debe permitir el ingreso de una motosierra o un tractor forestal a esos bosques mientras exista una duda razonable de que hay grupos indígenas aislados, del mismo modo que el Estado no da el permiso de comercialización de un medicamento mientras exista una duda razonable de que no hay riesgo para la salud humana.
Por tanto, debe tomarse medidas urgentes. El Estado debe aceptar los indicios razonables que ha presentado AIDESEP, suspender la entrega de estos bosques a los madereros, mientras no se pruebe fehacientemente que no existe ningún peligro, y crear las Reservas Territoriales del Estado a favor de los indígenas en aislamiento voluntario.
¿Quiénes son estos indígenas?
Dos grupos de expertos, contratados por AIDESEP e integrados por antropólogos y dirigentes indígenas locales, exploraron sucesivamente durante el 2002 y el 2003 las dos zonas citadas donde, según informaciones dispersas, existían grupos indígenas aislados. Sobre la filiación étnica de los indígenas de la frontera con Ecuador, la hipótesis de los antropólogos que han estudiado la zona es que se trata de tres grupos diferentes: 1) Los Abijiras o Aushiris, que habitaban en el siglo XVII la cuenca del Curaray, y que se habían resistido al contacto con los jesuitas, como nos hablan los misioneros Manuel Uriarte y otros de la época; 2) Huaorani (= Waorani), grupo bien conocido en Ecuador (un número de ellos han sido evangelizados a fines del siglo pasado), y su territorio se extiende entre las cabeceras del Curaray y del Napo. Se hicieron famosos hace unos años, cuando asesinaron a un obispo ecuatoriano y a una monja, que pretendieron contactar un grupo aislado. Algunos antropólogos hablan de algunos grupos separados de los Waorani (de los que les separarían algunos rasgos culturales), extremadamente hostiles frente a blancos y mestizos, los Taromenane o Feromenani, y los Tagaeri; 3) Los Záparo, mencionados por los misioneros jesuitas de los siglos XVI y XVII como habitantes de los bosques entre el alto Tigre y el Napo. Entre los subgrupos de este pueblo estarían los Arabela (algunos de los cuales rechazaron el contacto con los blancos) y otro grupo llamado Pananujuri, a los que los Arabela consideran sus parientes "aukas" o en aislamiento.
La hipótesis de los antropólogos sobre la filiación étnica de los grupos indígenas aislados de las cuencas del Yavarí/Tapiche es que se trata de dos grupos diferentes: Los Matsés, también conocidos como Mayoruna, de los que existen numerosas comunidades en contacto con la "civilización" en el Yavarí y afluentes, y los Isconahua, o Iscobaquebú, más al sur, colindantes con la Reserva Territorial Isconahua reconocida ya en Ucayali.
Según los antropólogos, estos grupos indígenas viven de forma nómada o seminómada, de la caza, la pesca y la recolección de productos del bosque. Eventualmente siembran pequeñas chacras con yuca, maíz y pijuayo en la maloca central de su territorio, que suelen abandonar cada 6 a 12 años. Viven en pequeños grupos dispersos, en malocas. Cada maloca o casa comunal puede estar habitada por varias decenas de personas, pertenecientes a varias familias. Generalmente tienen varias malocas esparcidas en un amplio territorio, que ocupan eventualmente durante sus excursiones de caza o recolección.
Recuadro:
La deuda histórica de Loreto
La historia de la Amazonía en general, y de Loreto en particular, es una historia de rapiña, explotación y abuso contra los grupos indígenas que han habitado estos bosques por miles de años. La usurpación de sus tierras y recursos naturales comenzó en los primeros tiempos de la conquista: a principios del siglo XVII ya habían sido fundados numerosos pueblos y asentamientos en Loreto, comenzando con San Francisco de Borja, en el Marañón. Con los misioneros entraron los encomenderos, los soldados y los primeros comerciantes y extractores, en busca de oro y otros recursos de que se decía era rico el valle de "las Amazonas", como en ese tiempo era conocido. En 1750 se calcula en más de 40 los pueblos indígenas (con unos 60,000 habitantes) que existían solamente en las Misiones del Marañón de los jesuitas, es decir, un territorio menor que la región Loreto actual. Hoy quedan apenas una docena, la mayoría reducidos a pocos centenares de individuos. En las primeras décadas de las misiones murieron a millares, por las enfermedades contagiosas transmitidas por los inmigrantes europeos, especialmente gripe, sarampión y viruela, ante las que los indígenas amazónicos no tenían resistencia natural. Luego murieron también por los maltratos y la explotación a que fueron sometidos por encomenderos y patrones.
Algunos todavía piensan que esos abusos eran propios de la Colonia, y que desaparecieron con la independencia y con la República. Craso error. Los peores abusos contra los indígenas tuvieron lugar en la época republicana, especialmente durante el boom del caucho y las otras olas extractivas que le siguieron. Decenas de pueblos indígenas fueron esclavizados, torturados, y en el mejor de los casos, forzados a abandonar sus tierras tradicionales y obligados a trabajar a punta de látigo en las estradas de los patrones caucheros. Los que no se doblegaban, eran asesinados. Murieron a millares por las enfermedades, el maltrato y la desnutrición. El mismo Estado peruano promovió, incentivó y legalizó este saqueo y este abuso. Aún en los años 20 y 30 del siglo XX, siguió la política de impulso a la "colonización" de la Amazonía, que ignoraba flagrantemente la existencia de pueblos indígenas que tenían derechos ancestrales e inalienables sobre sus tierras y sus recursos. La aplicación práctica del famoso mito del "vacío amazónico": tierras libres, ricas y sin explotar, listas para que el Estado pudiese entregar a gente "laboriosa y emprendedora" que las abriese al desarrollo. En esta tierra supuestamente "vacía" el indígena era visto apenas como un pequeño estorbo, una postilla, un tumor a extirpar.
Increíblemente, este mito todavía pervive entre nosotros. Pese a que podría pensarse que estos abusos son cosa del pasado, todavía hoy, en pleno siglo XXI, el siglo en el que los derechos de las minorías son ensalzados, y se enseña los derechos humanos como asignatura obligatoria en las escuelas, se sigue violando flagrantemente los derechos de los indígenas.
Hoy son los madereros, tanto ilegales como legales, los que usurpan territorios y recursos de los pueblos indígenas, especialmente de los que no pueden defenderse, los aislados voluntariamente. Y el mismo Estado planea entregar en concesión por 40 años renovables bosques que ya tienen propietario.
Aquí no estamos hablando del derecho simplemente a un territorio: los indígenas en aislamiento voluntario están condenados a la extinción si son expulsados de este su último reducto, de estos sus últimos bosques. Han sido cinco siglos de abusos contra ellos, han sido diezmados, y decenas de grupos indígenas han sido exterminados por completo. No podemos permitir que los tractores forestales y las motosierras acaben con estas naciones. Si alguien tiene derecho a estos bosques, son ellos, más allá de leyes forestales, de concursos públicos y de papeles, de inversión y de libertad de empresa. En Loreto tenemos más de 20 millones de hectáreas de bosques con potencial de aprovechamiento forestal, entre bosques de producción permanente, territorios de comunidades, y bosques en reserva para el futuro. Mezquinar unos cientos de miles de hectáreas a estos últimos sobrevivientes de los pueblos legítimamente propietarios de la Amazonía sería un error histórico imperdonable para nuestra región y nuestro país.
Loreto tiene una deuda histórica con los pueblos indígenas originarios de la región. Sus fuerzas políticas y sociales, tan celosas de la autonomía regional, tan defensoras de los intereses regionales y de la integridad del territorio frente al expansionismo de países vecinos, tienen el deber moral de defender también el derecho a la supervivencia de estos pueblos, los legítimos propietarios de los bosques y ríos de Loreto.
Nuestro vecino Brasil, tan poco respetuoso con los derechos de la población mestiza de la Amazonía (se habla de más de dos millones de campesinos sin tierra), sí está tomando medidas precautorias extraordinarias para garantizar la supervivencia de los grupos indígenas en aislamiento voluntario que todavía quedan en su territorio. En la cuenca del río Yavarí, por ejemplo, que según los expertos es la región donde más grupos indígenas sin contacto con la civilización existen en la Amazonía en la actualidad, Brasil ha creado una reserva indígena para ellos de 8.5 millones de hectáreas, la Reserva o Terra Indígena "Vale do Javari". Es una de las áreas reservadas más extensas de toda la Amazonía. Intangible, por si acaso, hasta que sus legítimos propietarios decidan lo contrario, si es que lo deciden, en algún futuro. Ecuador también ha creado una enorme reserva indígena para los Waorani en su lado de la frontera.
Las regiones de Ucayali, Cusco y Madre de Dios han creado en años pasados cinco Reservas del Estado para indígenas en aislamiento voluntario, para los pueblos Kugapakori, Nahua, Murunahua, Mashco Piro, Isconahua (Iscobaquebu), y otros pueblos indígenas. Y no han necesitado fotografías ni censos de gente para demostrar su existencia: han bastado los informes de expertos antropólogos que han presentado indicios similares a los que está presentando ahora AIDESEP. En nuestra región, ¿sabe cuántas hectáreas ha reservado el Estado para los ocho o diez grupos indígenas en aislamiento de que se tiene noticia, solamente en Loreto, que existen en el lado peruano de la frontera con Brasil y Ecuador? Cero. Ninguna. Esperemos que este error histórico se corrija pronto.
Es necesario realizar más estudios precautorios para determinar con mayor precisión el área a proteger, y es necesario tomar medidas efectivas para que esos territorios sean inviolables por parte de madereros y otros ilegales. Fondos para la causa indígena existen, aunque mal utilizados. Ahí está la CONAPA, que en vez de consultorías millonarias debería estar financiando la creación de estas reservas indígenas.
Y si no se toman las medidas precautorias necesarias para
proteger los derechos de estos indígenas en aislamiento voluntario,
Loreto se arriesga a un boicot internacional a las exportaciones de
madera. Ya ha ocurrido anteriormente en otros países. Y los cada
vez más influyentes lobbies de organizaciones internacionales
defensoras de los derechos humanos y de los indígenas ya están
avisadas del problema. Y no sólo eso: el Perú corre el riesgo de
una denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos o
ante la Corte Internacional de la Haya, por genocidio y violación
flagrante de los derechos de estos pueblos indígenas a sus
territorios tradicionales y a conservar sus costumbres y cultura,
derechos consagrados en el Convenio 169 de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), del que el Perú es
signatario.

